El 23 de abril de 1988 entró en vigor una norma federal de gran alcance: la prohibición de fumar en vuelos domésticos de EE. UU. Según los archivos históricos del Chicago Tribune, la ley prohibió fumar en todos los vuelos regulares nacionales con una duración inferior a dos horas, los cuales representaban aproximadamente el 80% del total de vuelos en el país en ese momento. Esto significó que la gran mayoría de los pasajeros en trayectos cortos ya no estarían expuestos al humo de segunda mano.
La normativa establecía que los pasajeros que infringieran la prohibición se enfrentarían a multas de hasta 1,000 dólares. No obstante, los vuelos chárter y los internacionales quedaron excluidos de esta medida. Además, la prohibición se aplicaba específicamente a los cigarrillos, mientras que los puros y las pipas aún estaban en discusión. Esta política se considera un punto de inflexión clave para la salud pública y la seguridad en la industria aérea estadounidense, sentando las bases legales para la futura prohibición total del tabaco a bordo.


