El 26 de abril de 1865, la cacería que estremeció a Estados Unidos llegó a su fin: el asesino del presidente Abraham Lincoln, John Wilkes Booth, fue rodeado por tropas federales cerca de Port Royal, Virginia, y murió al resistirse al arresto. Este evento marcó el final de la mayor persecución tras la Guerra Civil estadounidense.
Apenas 12 días antes, el 14 de abril, Booth aprovechó la función de teatro en el Ford's Theatre de Washington para disparar por la espalda a Lincoln con una pistola Derringer en la cabeza. Lincoln falleció al amanecer del día siguiente, convirtiéndose en el primer presidente asesinado en la historia de Estados Unidos. Tras el ataque, Booth saltó al escenario gritando «¡Así mueren los tiranos!» y escapó en la confusión hacia Maryland, para luego internarse en Virginia. El gobierno federal movilizó a miles de soldados y detectives en una búsqueda exhaustiva, hasta que acorralaron a Booth en un granero de tabaco en Virginia. Al negarse a rendirse, el granero fue incendiado y un soldado le disparó en el cuello, causándole la muerte en el acto.


