El 29 de abril de 2008, el entonces candidato presidencial demócrata Barack Obama emitió una declaración contundente desde Pensilvania para denunciar formalmente a su pastor de largo tiempo, Jeremiah Wright. Obama calificó los recientes comentarios públicos de Wright como «divisivos y erróneos», subrayando que esas posturas contradecían por completo sus valores y su plataforma de campaña. Este episodio se convirtió en uno de los temas sociales más comentados de esa elección presidencial en EE.UU., y desencadenó un amplio debate en la sociedad estadounidense sobre los límites entre raza, religión y política.
Antes de esto, Wright había hecho declaraciones polémicas en varias ocasiones, incluyendo duras críticas al gobierno estadounidense y expresiones señaladas por fomentar una división racial. Tras la exposición mediática de esos comentarios, se convirtieron rápidamente en un desafío significativo para la campaña de Obama. En su declaración de aquel día, Obama dejó claro que «no podía identificarse en absoluto con ciertas posturas expresadas por el pastor Wright», y subrayó que esas afirmaciones «no representan la unidad ni la esperanza que como estadounidenses debemos compartir». También reconoció que la relación personal de años con Wright ya no podía superar las diferencias políticas y de fe.


