El 2 de junio de 1997, Timothy McVeigh fue declarado culpable de asesinato por un jurado federal por el atentado contra el edificio federal de Oklahoma City ocurrido el 19 de abril de 1995. Este ataque terrorista dejó 168 muertos y cientos de heridos, convirtiéndose en el peor acto de terrorismo interno en suelo estadounidense hasta esa fecha. McVeigh fue sentenciado a muerte y ejecutado mediante inyección letal el 11 de junio de 2001.
La condena y sentencia de McVeigh marcaron un hito en el proceso judicial antiterrorista de Estados Unidos. El caso expuso la grave amenaza del extremismo interno para la seguridad pública, lo que llevó al gobierno federal a reformar múltiples leyes antiterroristas y a reforzar la vigilancia y prevención de la violencia doméstica. Además, el uso de pruebas digitales, análisis de residuos químicos y otras técnicas durante el juicio se convirtió en un referente para las investigaciones criminales posteriores.

